Estos días he estado algo liado, sobre todo con el tema de la Factoría Web 2.0, un proyecto que me tiene muy ilusionado.
Estamos creando un lugar donde los estudiantes pueden comenzar a desarrollar sus proyectos de internet, con clases y talleres particulares, todo esto tutorizado por profesionales.
Al final del trabajo tienen preparado su proyecto para lanzarlo a internet.

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Bueno, pues todo esto me trae a la cabeza lo ocurrido ayer con Openbank.

Dicen que son un banco por Internet, y son los que menos piensan en los usuarios. Os cuento el problema:
Decidimos dar de alta una cuenta, la de mi empresa, FlowersInSpace . Llamamos al servicio de alta de empresa, hasta ahí todo bien. Pues resulta que como yo soy el administrador necesitan mis datos. Al dárselos me dicen que ya soy cliente y que le de el usuario y la clave, y es verdad, recuerdo que cuando vendía libros y comics por internet, me di de alta para ver como funcionaban y si podíamos integrarlos en nuestra web.
A todo esto me llamó la atención que nunca llegué a usar esa cuenta, ni a firmar los contratos que enviaban por email, ni a hacer ninguna operación. Le pregunto a la señorita del teléfono que cuando fue la fecha de alta y de última operación, a lo que me contestan que 1998.
Les comento que si no he usado la cuenta en casi 10 años, ni la he dado de alta, como es posible que ellos me cuenten como cliente, a lo que empieza a dar unos argumentos extraños e inconexos.
Pero lo mas absurdo viene ahora, que debido a que quiero recuperar mis claves y ya no vivo en el domicilio que di de alta hace 10 años, pues tengo que enviar una carta (nada de email con firma certificada) con fotocopias de DNI y firma. ¡Que buen banco! que no admite la firma digital y me obligan a seguir enviado cartas, no recuerdo cuando fue la última vez que compré un sello.
Enfadado por como tratan los procesos con los clientes, me despedí de la señorita y le dije que Gracias.
Y al final pues no puedo dar de alta la empresa en ese banco por que me tienen como cliente para engordar sus números y mentir respecto a su número de usuarios.
¡Ostras!, 1998,

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